
Llevaba de mala hostia semanas; me encanta la lluvia, me pone las pilas su sonido y podía seguir prescindiendo de los rayitos de sol invernales meses y meses quizás porque no necesito clorofila pero...precisaba endorfinas.
Esta tarde me he enfundado el chándal y paraguas en mano me he ido a la pista de padel. La cara de mis compañeros al verme mover bajo la lluvia devolviéndo pelotazos no dejaba lugar a dudas de que era la primera vez que veían algo parecido. De lejos no tendrían que confundirme con una versión maruja de Gene Kelly sino más parecida a una peonza con paraguas saltacharcos. El caso es que he vuelto renovada y feliz, contenta y ágil, sudada y mojada... todo gracias a unas pequeñas proteínas que mi cuerpo echaba de menos. O será pensar en el finde que viene?
Dejo foto de Navidad en Almerimar. En pocos sitios se verá Sierra Nevada desde la Costa así.
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Inma